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	<title>segni concreti &#187; lima</title>
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	<description>segni concreti, associazione di creativi per il sociale con sede ad Arezzo</description>
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		<title>Emociones desbordadas &#8211; #ConcretaMente</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Oct 2018 12:47:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Segni Concreti]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Emociones desbordadas Di Nadia Ayvar Iparraguirre &#160; Hace algún tiempo recuerdo que le comentaba a un amigo que mi ciudad, Lima, me parecía una ciudad muy agresiva y recordaba dos ocasiones en concreto en las que la agresividad se sentía a flor de piel. En una de ellas recuerdo que yo caminaba por una vereda mientras escuchaba música en mi celular y veía probablemente algún mensaje de whatsapp, cuando de pronto… AAAAAHHHHH!!!!&#8230;un grito fortísimo en mi oído que me despertó como de un sueño, voltee a mirar hacia atrás y vi al hombre que gritó en mi oído sin motivo alguno, alejándose. ¿Qué significaba esto?, ¿por qué alguien siente la necesidad y se siente en libertad de gritarme al oído, no palabras, no expresar una idea sino gritar simple y llanamente?, ¿qué explica este comportamiento? Mi teoría es que esta persona debe haber percibido que yo estaba desconectada de la realidad y fue su modo de obligarme a conectar con ella. ¿Por qué lo tenía que hacer así?, ¿qué le faltaban a las palabras que sí tenía el grito? Hace unos días fueron las elecciones de alcaldía de mi ciudad, las discusiones sobre las opciones válidas para votar estaban a pedir de boca. Y no sin razón. El Perú viene viviendo, así como muchos países de Sudamérica, una fuerte deslegitimización de los políticos, la corrupción ha invadido las instituciones y las representaciones, y se siente la indignación y el hartazgo de una parte de la población que encuentra un medio de expresión en las redes. Y ahí se juntan con otras voces, parecidas, diferentes y hasta opuestas. Uno puede ver entonces cómo se expresa el disgusto y la inconformidad, cómo aparece la agresividad, los insultos, los calificativos denigrando a la otra parte, y ves claramente entonces cómo la agresividad se convierte en un ping pong. Motivos no nos faltan para indignarnos, desde causas sociales, hasta causas personales. El político que usa la necesidad de la gente para llegar al poder y enriquecerse, el violador que sale libre y la familia que no halla justicia, el pastor que se enriquece a costa de la necesidad de fe de su comunidad, la amiga que te traicionó, la persona que te rompió el corazón. ¿Cómo reaccionamos ante estas realidades? Cada uno hace lo que puede, lo que le enseñaron, lo que fue aprendiendo. A veces sale el dragón que llevamos dentro, a veces nos alejamos, a veces marchamos en las calles, a veces gritamos, a veces lloramos. Hacemos lo que podemos, lo que nuestra historia, nuestro aprendizaje y nuestra voluntad nos lo permiten; pero muchas veces no nos damos cuenta que esa amargura y ese rencor se queda con nosotros, alojado ahí, en un rincón, y a quien más hace daño no es a nuestro presunto agresor sino a nosotros. Hiere, nos hiere, y sangramos. No creo que haya una reacción particular que ‘tengamos’ que tener frente a algo que nos mueve las entrañas, ¿cómo puedo exigirle yo al hombre que fue abandonado de niño que no sienta cólera, que no grite, que no quiera insultar a ese padre ausente?, ¿cómo puedo exigirle a esa niña que no supo lo que es ser tratada con amor que de grande no sienta esa indignación que la consume por aquello que no recibió? Nadie ha vivido nuestra historia, nadie sabe lo que es el cúmulo de experiencias que hemos acumulado, ni con qué nos hemos quedado, ni qué hemos soltado. Pero llega un momento en la vida en el que toca ver qué hemos atesorado durante todos estos años, y qué de lo que nos aferramos nos hace daño, toca mirar y toca examinar, toca intentar entender y hablar, toca ponerle un nombre y expresar en palabras eso que sentimos porque de lo contrario a quien va a destrozar no es a esa otro, es a ti. ¿Qué significa esto, que todo debe ser permitido?, ¿todo es relativo?, ¿excusamos todo porque cada uno vive con su demonio dentro? No. Lo que digo es que como ser humano uno puede entender que una respuesta agresiva suele darse para proteger una herida, eso no significa que toleremos ni demos rienda suelta indiscriminadamente a todo tipo de respuestas agresivas, eso quiere decir que para poder atender la consecuencia (respuesta agresiva), primero hay que entender y atender la causa (la herida). Tampoco es cierto que empezar a hacerle frente a nuestra agresividad tenga que romper con asumir la responsabilidad que conllevan las decisiones tomadas. El político que roba debe ir a la cárcel, la persona que te hirió seguro ya no tiene espacio en tu vida, son consecuencias de nuestras decisiones, pero se pueden dar sin que nos consuman. Resalto acá que nos consuman. No me refiero a indignación, porque la indignación hasta cierto punto es sana y muestra de nuestra humanidad, pero dejarnos consumir al punto de enfermarnos o de alejar a la gente basado únicamente en la discrepancia sobre una opinión ¿qué tan sano, o en otras palabras, qué tan conveniente es para nosotros mismos? Regresemos al hombre que gritó en mi oído del que les hablé al comienzo de este relato y asumamos mi supuesto como cierto. Sus competencias emocionales no fueron suficientes para poder poner en palabras aquello que vio y que tocó una fibra suya. No pudo ponerle nombre, no pudo traducirlo. Y ese es un gran problema en nuestra sociedad, no educamos en emociones. Las emociones crecen como hierba silvestre, como van saliendo. Poca atención le ponemos a asegurarnos que los niños identifiquen y expresen sus emociones. Poca tolerancia tenemos a ver y acompañar el dolor, lo acallamos y queremos que el llanto desaparezca para creer que ha pasado. Entonces de adultos no sabemos qué estamos sintiendo, no sabemos cómo se comparte, cómo abrirnos, cómo mostrar lo que llevamos dentro, y terminamos siendo una olla a presión que luego estalla en forma de agresividad. Comencemos a liberar la presión, comencemos a hablar, no importa si es la etiqueta correcta o no, lo que [&#8230;]</p>
<p>L'articolo <a rel="nofollow" href="https://www.segniconcreti.org/emociones-desbordadas-concretamente/">Emociones desbordadas &#8211; #ConcretaMente</a> sembra essere il primo su <a rel="nofollow" href="https://www.segniconcreti.org">segni concreti</a>.</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<h1>Emociones desbordadas</h1>
<pre><a href="https://www.facebook.com/nadia.ayvar.5"><span style="color: #000000;">Di N<span style="color: #ff0000;">a</span>dia Ayvar Iparraguirre</span></a></pre>
<p><span style="color: #000000;"><strong>&nbsp;</strong></span></p>
<p><a href="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/10/segni-4_BN.jpg"><img class="alignleft wp-image-11505 size-full" src="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/10/segni-4_BN.jpg" alt="" width="600" height="400"></a></p>
<p>Hace algún tiempo recuerdo que le comentaba a un amigo que mi ciudad, Lima, me parecía una ciudad muy agresiva y recordaba dos ocasiones en concreto en las que la agresividad se sentía a flor de piel. En una de ellas recuerdo que yo caminaba por una vereda mientras escuchaba música en mi celular y veía probablemente algún mensaje de whatsapp, cuando de pronto… AAAAAHHHHH!!!!&#8230;un grito fortísimo en mi oído que me despertó como de un sueño, voltee a mirar hacia atrás y vi al hombre que gritó en mi oído sin motivo alguno, alejándose. ¿Qué significaba esto?, ¿por qué alguien siente la necesidad y se siente en libertad de gritarme al oído, no palabras, no expresar una idea sino gritar simple y llanamente?, ¿qué explica este comportamiento? Mi teoría es que esta persona debe haber percibido que yo estaba desconectada de la realidad y fue su modo de obligarme a conectar con ella. ¿Por qué lo tenía que hacer así?, ¿qué le faltaban a las palabras que sí tenía el grito?
<div class="shortcode-block-quote-right" style="color:#999999">y vi al hombre que gritó en mi oído sin motivo alguno</div>
<p>Hace unos días fueron las elecciones de alcaldía de mi ciudad, las discusiones sobre las opciones válidas para votar estaban a pedir de boca. Y no sin razón. El Perú viene viviendo, así como muchos países de Sudamérica, una fuerte deslegitimización de los políticos, la corrupción ha invadido las instituciones y las representaciones, y se siente la indignación y el hartazgo de una parte de la población que encuentra un medio de expresión en las redes. Y ahí se juntan con otras voces, parecidas, diferentes y hasta opuestas. Uno puede ver entonces cómo se expresa el disgusto y la inconformidad, cómo aparece la agresividad, los insultos, los calificativos denigrando a la otra parte, y ves claramente entonces cómo la agresividad se convierte en un ping pong.
<div class="shortcode-block-quote-right" style="color:#999999">y ves claramente entonces cómo la agresividad se convierte en un ping pong.</div>
<p>Motivos no nos faltan para indignarnos, desde causas sociales, hasta causas personales. El político que usa la necesidad de la gente para llegar al poder y enriquecerse, el violador que sale libre y la familia que no halla justicia, el pastor que se enriquece a costa de la necesidad de fe de su comunidad, la amiga que te traicionó, la persona que te rompió el corazón. ¿Cómo reaccionamos ante estas realidades? Cada uno hace lo que puede, lo que le enseñaron, lo que fue aprendiendo. A veces sale el dragón que llevamos dentro, a veces nos alejamos, a veces marchamos en las calles, a veces gritamos, a veces lloramos. Hacemos lo que podemos, lo que nuestra historia, nuestro aprendizaje y nuestra voluntad nos lo permiten; pero muchas veces no nos damos cuenta que esa amargura y ese rencor se queda con nosotros, alojado ahí, en un rincón, y a quien más hace daño no es a nuestro presunto agresor sino a nosotros. Hiere, nos hiere, y sangramos.
<div class="shortcode-block-quote-right" style="color:#999999">Motivos no nos faltan para indignarnos</div>
<p>No creo que haya una reacción particular que ‘tengamos’ que tener frente a algo que nos mueve las entrañas, ¿cómo puedo exigirle yo al hombre que fue abandonado de niño que no sienta cólera, que no grite, que no quiera insultar a ese padre ausente?, ¿cómo puedo exigirle a esa niña que no supo lo que es ser tratada con amor que de grande no sienta esa indignación que la consume por aquello que no recibió? Nadie ha vivido nuestra historia, nadie sabe lo que es el cúmulo de experiencias que hemos acumulado, ni con qué nos hemos quedado, ni qué hemos soltado. <mark> Pero llega un momento en la vida en el que toca ver qué hemos atesorado durante todos estos años, y qué de lo que nos aferramos nos hace daño, toca mirar y toca examinar, toca intentar entender y hablar, toca ponerle un nombre y expresar en palabras eso que sentimos porque de lo contrario a quien va a destrozar no es a esa otro, es a ti.</mark></p>
<div class="shortcode-block-quote-right" style="color:#999999">¿Qué significa esto, que todo debe ser permitido?</div>
<p> ¿Qué significa esto, que todo debe ser permitido?, ¿todo es relativo?, ¿excusamos todo porque cada uno vive con su demonio dentro? No. Lo que digo es que como ser humano uno puede entender que una respuesta agresiva suele darse para proteger una herida, eso no significa que toleremos ni demos rienda suelta indiscriminadamente a todo tipo de respuestas agresivas, eso quiere decir que para poder atender la consecuencia (respuesta agresiva), primero hay que entender y atender la causa (la herida). Tampoco es cierto que empezar a hacerle frente a nuestra agresividad tenga que romper con asumir la responsabilidad que conllevan las decisiones tomadas. El político que roba debe ir a la cárcel, la persona que te hirió seguro ya no tiene espacio en tu vida, son consecuencias de nuestras decisiones, pero se pueden dar sin que nos consuman. Resalto acá <span style="text-decoration: underline;">que nos consuman</span>. No me refiero a indignación, porque la indignación hasta cierto punto es sana y muestra de nuestra humanidad, pero dejarnos consumir al punto de enfermarnos o de alejar a la gente basado únicamente en la discrepancia sobre una opinión ¿qué tan sano, o en otras palabras, qué tan conveniente es para nosotros mismos?</p>
<div class="shortcode-block-quote-right" style="color:#999999">Y ese es un gran problema en nuestra sociedad, no educamos en emociones. Las emociones crecen como hierba silvestre</div>
<p>Regresemos al hombre que gritó en mi oído del que les hablé al comienzo de este relato y asumamos mi supuesto como cierto. Sus competencias emocionales no fueron suficientes para poder poner en palabras aquello que vio y que tocó una fibra suya. No pudo ponerle nombre, no pudo traducirlo. Y ese es un gran problema en nuestra sociedad, no educamos en emociones. Las emociones crecen como hierba silvestre, como van saliendo. Poca atención le ponemos a asegurarnos que los niños identifiquen y expresen sus emociones. Poca tolerancia tenemos a ver y acompañar el dolor, lo acallamos y queremos que el llanto desaparezca para creer que ha pasado. Entonces de adultos no sabemos qué estamos sintiendo, no sabemos cómo se comparte, cómo abrirnos, cómo mostrar lo que llevamos dentro, y terminamos siendo una olla a presión que luego estalla en forma de agresividad. Comencemos a liberar la presión, comencemos a hablar, no importa si es la etiqueta correcta o no, lo que importa es comenzar; de lo contrario seremos aquel que grita por la calle.</p>
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<h5><a href="https://www.facebook.com/nadia.ayvar.5"><span style="color: #000000;">N<span style="color: #ff0000;">a</span>dia Ayvar Iparraguirre</span></a></h5>
<div id="attachment_10718" style="width: 260px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/07/Nadia_Ayvar_DSCN4588.jpg"><img class="wp-image-10718" src="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/07/Nadia_Ayvar_DSCN4588.jpg" alt="" width="250" height="230"></a><p class="wp-caption-text">Nadia Ayvar Iparraguirre &#8211; #ConcretaMente &#8211; www.segniconcreti.org</p></div>
<p><span style="color: #000000;"><span id="m_8544387794754345149gmail-m_7690130496923889795gmail-result_box" class="m_8544387794754345149gmail-m_7690130496923889795gmail-" lang="es">Nadia Ayvar, nacida en Perú el 4 de mayo de 1985. Licenciada en Comunicaciones y Magister en Liderazgo. Consultora en comunicación interna y cultura. Ama leer en el parque, las conversaciones de café y las caminatas en buena compañía. Escribe para compartir un poco de sí con el mundo, con la esperanza de contribuir con cambios sociales y personas felices.&nbsp;</span></span></p>
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		<title>Puertas abiertas &#8211; #ConcretaMente</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Aug 2018 14:13:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Segni Concreti]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>Puertas abiertas Di Nadia Ayvar Iparraguirre* &#160; Estos días de mi vida se llaman maratón. Estoy trabajando sin descanso, no paro, el tiempo que tengo para mí es el del transporte de regreso desde la oficina en la que hoy estoy hasta mi casa. Es ahí cuando reviso el whatsapp, cuando a las justas veo las últimas publicaciones de Facebook, o cuando acepto las etiquetas y post acumulados que mis amigas me hacen. He tenido la suerte de estar al otro extremo, he tenido la suerte de trabajar desde casa o desde un café; más aún, he tenido la suerte de no trabajar y dedicarme solo a mí por un tiempo. ¡Qué distinta puede ser la vida!, ¿no? La maratón que tengo este mes puede ser la vida regular de otra persona al otro lado del mundo. ¿Cómo negarle la posibilidad de cambiar esa realidad, de querer tener una vida que disfrutar?, ¿cómo cerrarle las puertas a alguien que desesperadamente necesita entrar? Es cierto, cada sociedad se ha ido forjando con esfuerzo, en los frutos prósperos de una sociedad está reflejado el esfuerzo de sus miembros. Es cierto, sí, pero ojo, no nos engañemos, ninguna sociedad se ha forjado sola. Hace demasiados años la humanidad dejó de ser un cúmulo de civilizaciones aisladas, somos parte de un todo, co-dependientes, nos guste o no. Y nuestra prosperidad ya no se la debemos solo a nuestros ciudadanos, se la debemos al mundo. ¿De dónde es la ropa que vestimos?, ¿de dónde vienen los alimentos que comemos?, ¿de dónde vienen los productos audiovisuales que consumimos?, ¿de dónde viene el combustible con el que nos movemos? Si rastrean toda la cadena de valor van a darse cuenta de que en la mayoría de los casos pasan por países con condiciones de vida ampliamente diferentes. La realidad es simple, cada una de nuestras decisiones alimenta una cadena, somos un sistema, estamos concatenados, no aislados. Somos uno. Y esto se repite a personal. Hace poco despedía en el aeropuerto a una de mis mejores amigas que se iba a vivir a Europa con su novio español; hace unos meses conocí a un chico de Estados Unidos que era trotamundos, decidió pasar una temporada en Perú porque trabajaba con unas monedas virtuales y usaba mucha electricidad, y Perú le resultaba atractivo por el reducido costo de la energía; hace algunos años mi hermano hizo su MBA en Alemania; hace algún tiempo mi amigo se fue reforzar su inglés a Canadá; y mi amiga conoció a su esposo, un profesor de inglés estadounidense y residente en Perú. Hace mucho tiempo dejamos de ser de un solo lugar.&#160;&#160; Entonces, ¿con qué autoridad moral le cerramos la puerta de nuestros países a esas personas que hoy están tocando nuestra puerta?, más aún, si lo que tienen al otro lado no es solo exceso de trabajo sino hambre y muerte. Como en muchos países de Latinoamerica en Perú, mi país, hay muchos inmigrantes venezolanos, están huyendo por las condiciones críticas de vida que enfrentan. Aquí hay una polémica porque hay gente que está en contra de ingresen a Perú, en algunos casos los señalan y les ponen adjetivos. Generalizan el comportamiento de unos como si fuese el de todos. Me hace pensar mucho en la época de García (ex – presidente del Perú), cuando miles de peruanos huían de nuestro país en busca de sobrevivir y ayudar a sus familias a sobrevivir, y cuando también a nosotros nos han calificado negativamente. Parece que a veces olvidamos que ‘ese otro’ no es tan distinto de mí. Como país el Perú ha recibido a los inmigrantes venezolanos. Es cierto que esta inmigración tiene un impacto, como cualquier cambio mueve los elementos de juego y nos obliga a reacomodarnos, y es ahí donde nosotros como individuos tenemos la oportunidad de ver el vaso medio lleno o medio vacío. Los cambios, a veces dolorosos, sirven para mirarnos, para re-enfocarnos, para reinventarnos. A veces un cambio es lo mejor que nos puede pasar en la vida, pero hay que saber y querer verlo. ¿Queremos ver qué de bueno y positivo nos traen nuestros amigos venezolanos?, ¿queremos reexaminarnos a la luz de los cambios que se han producido a partir de la inmigración? Hay cambios que no dependen de nosotros como individuos, pero lo que siempre va a depender de cada uno de nosotros es cómo reaccionamos ante esos cambios. Nosotros decimos, nadie más. &#160; &#160; &#160; &#160; Nadia Ayvar Iparraguirre* Nadia Ayvar, nacida en Perú el 4 de mayo de 1985. Licenciada en Comunicaciones y Magister en Liderazgo. Consultora en comunicación interna y cultura. Ama leer en el parque, las conversaciones de café y las caminatas en buena compañía. Escribe para compartir un poco de sí con el mundo, con la esperanza de contribuir con cambios sociales y personas felices.&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;</p>
<p>L'articolo <a rel="nofollow" href="https://www.segniconcreti.org/puertas-abiertas-concretamente/">Puertas abiertas &#8211; #ConcretaMente</a> sembra essere il primo su <a rel="nofollow" href="https://www.segniconcreti.org">segni concreti</a>.</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<h1>Puertas abiertas</h1>
<pre><a href="https://www.facebook.com/nadia.ayvar.5"><span style="color: #000000;">Di N<span style="color: #ff0000;">a</span>dia Ayvar Iparraguirre*</span></a></pre>
<p><span style="color: #000000;"><strong>&nbsp;</strong></span></p>
<div id="attachment_11182" style="width: 380px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/08/venezolanos_peru.jpg"><img class="wp-image-11182" src="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/08/venezolanos_peru.jpg" alt="" width="370" height="247"></a><p class="wp-caption-text">Foto: da internet</p></div>
<p>Estos días de mi vida se llaman maratón. Estoy trabajando sin descanso, no paro, el tiempo que tengo para mí es el del transporte de regreso desde la oficina en la que hoy estoy hasta mi casa. Es ahí cuando reviso el whatsapp, cuando a las justas veo las últimas publicaciones de Facebook, o cuando acepto las etiquetas y post acumulados que mis amigas me hacen. He tenido la suerte de estar al otro extremo, he tenido la suerte de trabajar desde casa o desde un café; más aún, he tenido la suerte de no trabajar y dedicarme solo a mí por un tiempo.</p>
<div class="shortcode-block-quote-right" style="color:#999999">Hace demasiados años la humanidad dejó de ser un cúmulo de civilizaciones aisladas, somos parte de un todo, co-dependientes, nos guste o no. Y nuestra prosperidad ya no se la debemos solo a nuestros ciudadanos, se la debemos al mundo.</div>
<p>¡Qué distinta puede ser la vida!, ¿no? La maratón que tengo este mes puede ser la vida regular de otra persona al otro lado del mundo. ¿Cómo negarle la posibilidad de cambiar esa realidad, de querer tener una vida que disfrutar?, ¿cómo cerrarle las puertas a alguien que desesperadamente necesita entrar? Es cierto, cada sociedad se ha ido forjando con esfuerzo, en los frutos prósperos de una sociedad está reflejado el esfuerzo de sus miembros. Es cierto, sí, pero ojo, no nos engañemos, ninguna sociedad se ha forjado sola. Hace demasiados años la humanidad dejó de ser un cúmulo de civilizaciones aisladas, somos parte de un todo, co-dependientes, nos guste o no. Y nuestra prosperidad ya no se la debemos solo a nuestros ciudadanos, se la debemos al mundo.</p>
<p><mark>¿De dónde es la ropa que vestimos?, ¿de dónde vienen los alimentos que comemos?, ¿de dónde vienen los productos audiovisuales que consumimos?, ¿de dónde viene el combustible con el que nos movemos?</mark> Si rastrean toda la cadena de valor van a darse cuenta de que en la mayoría de los casos pasan por países con condiciones de vida ampliamente diferentes. La realidad es simple, cada una de nuestras decisiones alimenta una cadena, somos un sistema, estamos concatenados, no aislados. Somos uno.</p>
<div class="shortcode-block-quote-right" style="color:#999999">Hace poco despedía en el aeropuerto a una de mis mejores amigas que se iba a vivir a Europa con su novio español; hace algunos años mi hermano hizo su MBA en Alemania; hace algún tiempo mi amigo se fue reforzar su inglés a Canadá; y mi amiga conoció a su esposo, un profesor de inglés estadounidense y residente en Perú. Hace mucho tiempo dejamos de ser de un solo lugar</div>
<p>Y esto se repite a personal. Hace poco despedía en el aeropuerto a una de mis mejores amigas que se iba a vivir a Europa con su novio español; hace unos meses conocí a un chico de Estados Unidos que era trotamundos, decidió pasar una temporada en Perú porque trabajaba con unas monedas virtuales y usaba mucha electricidad, y Perú le resultaba atractivo por el reducido costo de la energía; hace algunos años mi hermano hizo su MBA en Alemania; hace algún tiempo mi amigo se fue reforzar su inglés a Canadá; y mi amiga conoció a su esposo, un profesor de inglés estadounidense y residente en Perú. Hace mucho tiempo dejamos de ser de un solo lugar.&nbsp;&nbsp;</p>
<div id="attachment_11186" style="width: 490px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/08/Venezuela-en-camino.jpg"><img class="wp-image-11186" src="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/08/Venezuela-en-camino.jpg" alt="ECUADOR-COLOMBIA-PERU-VENEZUELA-MIGRATION" width="480" height="256"></a><p class="wp-caption-text">Foto: AFP PHOTO / Luis ROBAYO</p></div>
<div class="shortcode-block-quote-right" style="color:#999999">¿con qué autoridad moral le cerramos la puerta de nuestros países a esas personas que hoy están tocando nuestra puerta?</div>
<div class="shortcode-block-quote-right" style="color:#999999">Me hace pensar mucho en la época de García (ex – presidente del Perú), cuando miles de peruanos huían de nuestro país en busca de sobrevivir y ayudar a sus familias a sobrevivir</div>
<p>Entonces, ¿con qué autoridad moral le cerramos la puerta de nuestros países a esas personas que hoy están tocando nuestra puerta?, más aún, si lo que tienen al otro lado no es solo exceso de trabajo sino hambre y muerte. Como en muchos países de Latinoamerica en Perú, mi país, hay muchos inmigrantes venezolanos, están huyendo por las condiciones críticas de vida que enfrentan. Aquí hay una polémica porque hay gente que está en contra de ingresen a Perú, en algunos casos los señalan y les ponen adjetivos. Generalizan el comportamiento de unos como si fuese el de todos. Me hace pensar mucho en la época de García (ex – presidente del Perú), cuando miles de peruanos huían de nuestro país en busca de sobrevivir y ayudar a sus familias a sobrevivir, y cuando también a nosotros nos han calificado negativamente. Parece que a veces olvidamos que ‘ese otro’ no es tan distinto de mí.</p>
<p>Como país el Perú ha recibido a los inmigrantes venezolanos. Es cierto que esta inmigración tiene un impacto, como cualquier cambio mueve los elementos de juego y nos obliga a reacomodarnos, y es ahí donde nosotros como individuos tenemos la oportunidad de ver el vaso medio lleno o medio vacío. Los cambios, a veces dolorosos, sirven para mirarnos, para re-enfocarnos, para reinventarnos.</p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>A veces un cambio es lo mejor que nos puede pasar en la vida</strong></span>, pero hay que saber y querer verlo. ¿Queremos ver qué de bueno y positivo nos traen nuestros amigos venezolanos?, ¿queremos reexaminarnos a la luz de los cambios que se han producido a partir de la inmigración? <span style="color: #000000;"><strong>Hay cambios que no dependen de nosotros como individuos, pero lo que siempre va a depender de cada uno de nosotros es cómo reaccionamos ante esos cambios. Nosotros decimos, nadie más.</strong></span></p>
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<div id="attachment_11183" style="width: 910px" class="wp-caption alignnone"><a href="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/08/venezolanos.jpeg"><img class="wp-image-11183" src="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/08/venezolanos.jpeg" alt="Foto: da internet" width="900" height="517"></a><p class="wp-caption-text">Foto: da internet</p></div>
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<h5><a href="https://www.facebook.com/nadia.ayvar.5"><span style="color: #000000;">N<span style="color: #ff0000;">a</span>dia Ayvar Iparraguirre*</span></a></h5>
<div id="attachment_10718" style="width: 260px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/07/Nadia_Ayvar_DSCN4588.jpg"><img class="wp-image-10718" src="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/07/Nadia_Ayvar_DSCN4588.jpg" alt="" width="250" height="230"></a><p class="wp-caption-text">Nadia Ayvar Iparraguirre &#8211; #ConcretaMente &#8211; www.segniconcreti.org</p></div>
<p><span style="color: #000000;"><span id="m_8544387794754345149gmail-m_7690130496923889795gmail-result_box" class="m_8544387794754345149gmail-m_7690130496923889795gmail-" lang="es">Nadia Ayvar, nacida en Perú el 4 de mayo de 1985. Licenciada en Comunicaciones y Magister en Liderazgo. Consultora en comunicación interna y cultura. Ama leer en el parque, las conversaciones de café y las caminatas en buena compañía. Escribe para compartir un poco de sí con el mundo, con la esperanza de contribuir con cambios sociales y personas felices.&nbsp;</span></span></p>
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		<title>El racismo y yo &#8211; #ConcretaMente</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jul 2018 18:08:05 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p>El racismo y yo Di Nadia Ayvar Iparraguirre* &#160; El primer recuerdo que tengo de aprender que lo negro no era bueno fue cuando de pequeña una niña de mi colegio me dijo ‘negra’, yo tendría entre 5 o 6 años y para entonces aún no éramos amigas, por el contrario, estábamos en medio de una rivalidad. Por aquella misma época mi tía le decía a mi madre ‘negra’ y se sentía bien, se sentía el cariño de mi tía; pero por algún motivo el ‘negra’ de mi compañerita no era lo mismo, tenía una carga negativa, parecía que usando esa palabra ella quería herirme. Paralelamente, mientras crecía veía dibujos donde no había mujeres de piel oscura, las muñecas tampoco lo eran y en la publicidad las modelos nunca eran negras. Por aquella época en mi país no era tan extraño escuchar ‘bromas’ sobre gente negra, o personajes de mofa estereotipando y denigrando a las personas negras. Años después, ya dejando mi infancia atrás recuerdo haber sido más consciente de la diferente valoración implícita (y a veces explícita) en algunas expresiones en mi sociedad. Por ejemplo, recuerdo haber escuchado muchas veces comentarios como ‘es bien bonita, es blanquita, su cabello clarito’, por un lado; y por otro ‘es una chica morena, pero bonita, toda finita’. Me preguntaba si eran lo mismo y entendí que no. El primer comentario explica por qué esa persona es bonita (porque es blanca y de cabello claro); el segundo comentario tiene un componente trascendental: el pero. Este contrasta dos características aparentemente opuestas, ser morena y ser bonita; entonces esa persona a pesar de ser morena, es bonita. Recuerdo también una expresión referida a vincularse con personas de tez y cabello claro que se quedó grabada en mi cabeza: ‘para mejorar la raza’. Lo escuché cuando mi ex enamorado me contaba lo que su hermano había dicho en una conversación en familia. No se me quedó grabada la anécdota, se me quedó grabada la expresión que usó su hermano. Para entonces yo ya estaba en la universidad y era muy claro para mí que quien perdía mucho era él, pero esa claridad no impidió que sea doloroso. Hacía evidente una sociedad abiertamente racista, y además hacía patente que ese racismo estaba ahí, tan cerca, justo ahí donde esperas aprobación, en la familia de tu pareja. No recuerdo haber hablado con alguien de las diferencias físicas ni del racismo durante mi infancia y haberlo hecho poco posteriormente. Por el contrario, las experiencias que he vivido las he digerido principalmente sola. El racismo es un tema incómodo del que hablar, especialmente en una sociedad racista como la mía. Nadie quiere reconocerse como racista, es políticamente incorrecto así que a veces señalamos a otros, pero nos rehusamos a ver en nosotros mismos y en nuestra propia familia. Tal vez esto sería más sencillo si reflexionásemos (primero con nosotros y después con otros) sobre qué significa ser una persona negra/asiática/andina/blanca/etc más allá de ser personas, o si el color de piel tiene que ver con costumbres, comportamientos y demás, o si cuestionásemos por qué existen ‘chistes’, expresiones y valoraciones diferentes sobre las personas en base a su color de piel, o incluso si tiene sentido el concepto de razas actualmente. Hoy, siendo adulta, miro un poco más este tema. La sociedad ya no es la misma, las niñas de hoy tienen muñecas y personajes en los dibujos con diversidad de color de piel, hay héroes y superhéroes de multiplicidad de tonos de piel, la publicidad tiene más diversidad que antes, los comentarios abiertamente racistas son menos frecuentes; pero el racismo está muy lejos de haber desaparecido. Es menos explícito, pero ahí está, un poco más asolapado en lo que dice la gente cuando está envuelta en furia, detrás de las elecciones que hacemos, detrás de lo que anhelamos, detrás de aquello que damos por sentado, detrás de nuestros modelos, detrás de comentarios ‘en buena onda’. No es que en Perú las personas seamos malas y queramos hacer daño, mucho de esto lo hacemos de forma automática, sin ser conscientes. Y es justamente ahí, reflexionando y trayendo a la consciencia nuestro accionar inconsciente donde hay tierra fértil para generar cambios futuros. ‘Soy un racista que quiere dejar de ser racista’, así se definía un amigo mío, me uno a esa definición. Suena horrible y quisiera poder decir que no lo soy, pero el cambio pasa por mirar la realidad, aceptarla y hacerle frente, por dura que sea. Por reconocernos como parte del problema; si nos quedamos pensando en que el problema está en otros no podremos hacer mucho, somos nosotros mismos el primer ámbito de acción sobre el cual podemos trabajar. Toca tomar el trago amargo de hablar de algo incómodo, de reconocernos como infractores del bienestar, de escuchar lo que decimos, de prestar mucha atención a lo que enseñamos no solo con las palabras, sino con el ejemplo y de estar dispuestos a reaparender y contribuir a una sociedad más equitativa que valore a las personas por su condición de personas, y no por sus características físicas. &#160; [ngg_images source=&#8221;galleries&#8221; container_ids=&#8221;13&#8243; exclusions=&#8221;390&#8243; sortorder=&#8221;389,383,384,385,391,387,392,386,393,388,390&#8243; image_crop=&#8221;0&#8243; image_pan=&#8221;1&#8243; show_playback_controls=&#8221;1&#8243; show_captions=&#8221;0&#8243; caption_class=&#8221;caption_overlay_bottom&#8221; caption_height=&#8221;70&#8243; aspect_ratio=&#8221;1.5&#8243; width=&#8221;100&#8243; width_unit=&#8221;%&#8221; transition=&#8221;fade&#8221; transition_speed=&#8221;1&#8243; slideshow_speed=&#8221;5&#8243; border_size=&#8221;0&#8243; border_color=&#8221;#ffffff&#8221; override_thumbnail_settings=&#8221;0&#8243; thumbnail_width=&#8221;120&#8243; thumbnail_height=&#8221;90&#8243; thumbnail_crop=&#8221;1&#8243; ngg_triggers_display=&#8221;always&#8221; order_by=&#8221;sortorder&#8221; order_direction=&#8221;ASC&#8221; returns=&#8221;included&#8221; maximum_entity_count=&#8221;500&#8243; display_type=&#8221;photocrati-nextgen_pro_horizontal_filmstrip&#8221;] &#160; &#160; Nadia Ayvar Iparraguirre* Nadia Ayvar, nacida en Perú el 4 de mayo de 1985. 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				<content:encoded><![CDATA[<h1>El racismo y yo</h1>
<pre><a href="https://www.facebook.com/nadia.ayvar.5"><span style="color: #000000;">Di N<span style="color: #ff0000;">a</span>dia Ayvar Iparraguirre*</span></a></pre>
<p><span style="color: #000000;"><strong>&nbsp;</strong></span></p>
<p><a href="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/07/personas-caminando-calle.jpg"><img class="alignleft wp-image-10720" src="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/07/personas-caminando-calle.jpg" alt="" width="380" height="285"></a>El primer recuerdo que tengo de aprender que lo negro no era bueno fue cuando de pequeña una niña de mi colegio me dijo ‘negra’, yo tendría entre 5 o 6 años y para entonces aún no éramos amigas, por el contrario, estábamos en medio de una rivalidad. Por aquella misma época mi tía le decía a mi madre ‘negra’ y se sentía bien, se sentía el cariño de mi tía; pero por algún motivo el ‘negra’ de mi compañerita no era lo mismo, tenía una carga negativa, parecía que usando esa palabra ella quería herirme. Paralelamente, mientras crecía veía dibujos donde no había mujeres de piel oscura, las muñecas tampoco lo eran y en la publicidad las modelos nunca eran negras. Por aquella época en mi país no era tan extraño escuchar ‘bromas’ sobre gente negra, o personajes de mofa estereotipando y denigrando a las personas negras.
<div class="shortcode-block-quote-right" style="color:#999999">Por aquella misma época mi tía le decía a mi madre ‘negra’ y se sentía bien, se sentía el cariño de mi tía; pero por algún motivo el ‘negra’ de mi compañerita no era lo mismo, tenía una carga negativa, parecía que usando esa palabra ella quería herirme.</div>
<p>Años después, ya dejando mi infancia atrás recuerdo haber sido más consciente de la diferente valoración implícita (y a veces explícita) en algunas expresiones en mi sociedad. Por ejemplo, recuerdo haber escuchado muchas veces comentarios como ‘es bien bonita, es blanquita, su cabello clarito’, por un lado; y por otro ‘es una chica morena, pero bonita, toda finita’. Me preguntaba si eran lo mismo y entendí que no. El primer comentario explica por qué esa persona es bonita (porque es blanca y de cabello claro); el segundo comentario tiene un componente trascendental: el <em>pero</em>. Este contrasta dos características aparentemente opuestas, ser morena y ser bonita; entonces esa persona a pesar de ser morena, es bonita. Recuerdo también una expresión referida a vincularse con personas de tez y cabello claro que se quedó grabada en mi cabeza: ‘para mejorar la raza’. Lo escuché cuando mi ex enamorado me contaba lo que su hermano había dicho en una conversación en familia. No se me quedó grabada la anécdota, se me quedó grabada la expresión que usó su hermano. Para entonces yo ya estaba en la universidad y era muy claro para mí que quien perdía mucho era él, pero esa claridad no impidió que sea doloroso. Hacía evidente una sociedad abiertamente racista, y además hacía patente que ese racismo estaba ahí, tan cerca, justo ahí donde esperas aprobación, en la familia de tu pareja.
<div class="shortcode-block-quote-right" style="color:#999999">Hacía evidente una sociedad abiertamente racista, y además hacía patente que ese racismo estaba ahí, tan cerca, justo ahí donde esperas aprobación, en la familia de tu pareja.</div>
<p><a href="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/07/Fiesta_650.jpg"><img class="alignleft wp-image-10722" src="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/07/Fiesta_650.jpg" alt="Fiesta_650" width="270" height="360"></a>No recuerdo haber hablado con alguien de las diferencias físicas ni del racismo durante mi infancia y haberlo hecho poco posteriormente. Por el contrario, las experiencias que he vivido las he digerido principalmente sola. El racismo es un tema incómodo del que hablar, especialmente en una sociedad racista como la mía. Nadie quiere reconocerse como racista, es políticamente incorrecto así que a veces señalamos a otros, pero nos rehusamos a ver en nosotros mismos y en nuestra propia familia. Tal vez esto sería más sencillo si reflexionásemos (primero con nosotros y después con otros) sobre qué significa ser una persona negra/asiática/andina/blanca/etc más allá de ser personas, o si el color de piel tiene que ver con costumbres, comportamientos y demás, o si cuestionásemos por qué existen ‘chistes’, expresiones y valoraciones diferentes sobre las personas en base a su color de piel, o incluso si tiene sentido el concepto de razas actualmente.</p>
<p>Hoy, siendo adulta, miro un poco más este tema. La sociedad ya no es la misma, las niñas de hoy tienen muñecas y personajes en los dibujos con diversidad de color de piel, hay héroes y superhéroes de multiplicidad de tonos de piel, la publicidad tiene más diversidad que antes, los comentarios abiertamente racistas son menos frecuentes; pero el racismo está muy lejos de haber desaparecido. Es menos explícito, pero ahí está, un poco más asolapado en lo que dice la gente cuando está envuelta en furia, detrás de las elecciones que hacemos, detrás de lo que anhelamos, detrás de aquello que damos por sentado, detrás de nuestros modelos, detrás de comentarios ‘en buena onda’. No es que en Perú las personas seamos malas y queramos hacer daño, mucho de esto lo hacemos de forma automática, sin ser conscientes. Y es justamente ahí, reflexionando y trayendo a la consciencia nuestro accionar inconsciente donde hay tierra fértil para generar cambios futuros.</p>
<div class="shortcode-block-quote-right" style="color:#999999">‘Soy un racista que quiere dejar de ser racista’</div>
<p>‘Soy un racista que quiere dejar de ser racista’, así se definía un amigo mío, me uno a esa definición. Suena horrible y quisiera poder decir que no lo soy, pero el cambio pasa por mirar la realidad, aceptarla y hacerle frente, por dura que sea. Por reconocernos como parte del problema; si nos quedamos pensando en que el problema está en otros no podremos hacer mucho, somos nosotros mismos el primer ámbito de acción sobre el cual podemos trabajar. Toca tomar el trago amargo de hablar de algo incómodo, de reconocernos como infractores del bienestar, de escuchar lo que decimos, de prestar mucha atención a lo que enseñamos no solo con las palabras, sino con el ejemplo y de estar dispuestos a reaparender y contribuir a una sociedad más equitativa que valore a las personas por su condición de personas, y no por sus características físicas.</p>
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<h5><a href="https://www.facebook.com/nadia.ayvar.5"><span style="color: #000000;">N<span style="color: #ff0000;">a</span>dia Ayvar Iparraguirre*</span></a></h5>
<div id="attachment_10718" style="width: 260px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/07/Nadia_Ayvar_DSCN4588.jpg"><img class="wp-image-10718" src="http://www.segniconcreti.org/wp-content/uploads/2018/07/Nadia_Ayvar_DSCN4588.jpg" alt="" width="250" height="230"></a><p class="wp-caption-text">Nadia Ayvar Iparraguirre &#8211; #ConcretaMente &#8211; www.segniconcreti.org</p></div>
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